Escucha tu silencio

Como dice el acertijo: “Qué es lo que desaparece en el momento que pronuncias su nombre?”.

Cuando necesitamos hacer una parada en el día a día, nada mejor que buscar ese silencio interior que nos pausa desde un punto de vista de pensamiento y de acción. Buscar nuestro silencio, el silencio de nuestra mente, acallar los pensamientos y todo ese ruido mental que nos impide ver la realidad tal y como es, que nos impide disfrutar de cada instante en plenitud. Ese vacío en nuestra mente que nos refresca y nos recarga de forma automática, desde el mismo instante que sentimos esa libertad del ancla de nuestros propios pensamientos.

Para encontrar nuestro silencio interior tan solo tenemos que mirar dentro de nosotros, mirar hacía nuestra mente, nuestros pensamientos, con mirada curiosa, como si intentásemos desde fuera espiar y cotillear que es lo que dentro de nuestra cabeza se está cociendo. Es en ese mismo instante en el que todo se para dentro de nosotros, y aparece ese silencio que, durante unos instantes, o durante un largo tiempo, nos aporta esa pausa refrescante de vida y de realidad.

Cuando notamos que ese silencio se rompe, tan solo debemos volver a mirar con atención y curiosidad nuestra mente, nuestros pensamientos y simplemente por el hecho de ser conscientes de ellos, éstos cesarán y podremos volver a disfrutar de ese momento con nosotros mismos, libres de juicios, rumiaciones, y de esa forma volver a conectar con el momento presente, volviendo a vivir desde la plena presencia.

No nos juzgamos, no nos molestamos por sentir ruido en nuestra mente, solo miramos con compasión hacía nuestro interior y observamos.

Prestamos atención a todo cuando sucede a nuestro alrededor y en nuestro interior, pasaremos a un estado de observación en el que mantenernos como observador y al mismo tiempo transformar a nuestra mente en lo observado.

Cuanto más ruido sientas en tu interior, más en silencio deberás estar. Es como cuando un charco de agua ha sido pisado y los sedimentos están en suspensión, enturbiando el agua, si queremos ver de nuevo el agua clarificada debemos sentarnos con paciencia al borde del charco y esperar a que los sedimentos vuelvan al fondo. Solo cuando el agua vuelva a estar clara, como la mente, libre de pensamientos, es cuando podremos ver aquello que se encuentra en el fondo, sin esfuerzo.

No esperemos nada, tan solo con paciencia disfrutaremos de ese silencio que va llegando a nuestra mente, y desde ese silencio toda nuestra percepción cambiará hacía un estado de plena presencia en la que seremos capaces de ver y sentir con claridad, y de disfrutar del momento presente.

Solo respira y siente tu silencio interior.

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